El liderazgo no se demuestra solo en las grandes decisiones, sino en la forma en que manejamos nuestras emociones en medio de la presión y la frustración. Aquello que logra sacarnos de control revela mucho más de nuestro carácter que aquello que sucede cuando todo marcha bien.
Un líder no se mide solamente por la cantidad de libros que ha leído o los seminarios a los que ha asistido, sino por la manera en que transforma ese conocimiento en decisiones, comportamientos y resultados.
El ego constituye uno de los mayores desafíos del liderazgo porque actúa silenciosamente desde el interior del corazón. No destruye primero las organizaciones; destruye primero la capacidad del líder para aprender, escuchar, servir y depender de Dios.
El liderazgo no es un título ni una posición. Es una función. Y cuando el líder comprende su verdadera función, todo cambia: su perspectiva, sus decisiones y su impacto en quienes lo rodean.
Nuevos artículos publicados regularmente por el equipo OIKOS.